Domingo 23 de Noviembre del 2008
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Sexo y plenitud

Reedición:El amante de Lady Chatterley tiene una trama tan extremadamente simple que resulta evidente que D.H. Lawrence (1895-1930) nunca estuvo interesado en seducir o capturar al lector mediante ella. Constance Reid se casa con el joven aristócrata Clifford Chatterley justo antes de que él parta a la Gran Guerra. Seis meses después Clifford vuelve destrozado y luego de una larga recuperación queda "con la mitad inferior de su cuerpo, de las piernas hacia abajo, paralizada para siempre". Cuando muere su padre, Clifford se convierte en lord Chatterley y Connie, en lady Chatterley. Todo esto se cuenta en la primera página y media. En las 400 siguientes, como el título lo anuncia abiertamente, Connie se convierte en la amante del guardabosque de Wragby Hall, la mansión de los Chatterley, lo que es un abierto desafío a la ley social, ya que Mellors es hijo de un minero del carbón y pertenece a una clase muy inferior a la de Connie.Planteada así, esta novela publicada con gran escándalo, juicios y censura en 1928, se hace parte de una tradición decimonónica que da cuenta de aventuras de mujeres casadas, como Madame Bovary y Anna Karenina o también La educación sentimental y Rojo y negro, que por supuesto no hablan sólo de la insatisfacción de las mujeres. En realidad, nunca se habla sólo de la insatisfacción de las mujeres. Cada autor siempre se las arregla para llevar el agua hacia su molino. Si Flaubert estaba interesado en la provincia y el asentamiento de la pequeña burguesía, el Tolstoi de Anna Karenina estaba interesado, en el fondo, en las dificultades del matrimonio.Lo de Lawrence es menos concreto y sintetizable. No en vano E.M. Foster en Aspectos de la novela lo llamó el gran escritor profético de su tiempo, refiriéndose con esto a que, sin dejar de referirse a cosas concretas, a sillas y mesas, por decirlo en su palabras, era capaz de hablar de algo universal, irreductible a buenas y primeras, una visión, un canto. Para Foster, Melville, Dostoievsky y la Brontë también son proféticos. En Lady Chatterley, Lawrence parece indagar en la plenitud que significa la intimidad y el sexo; o el contacto físico como espacio de ternura y comunidad en oposición a las palabras, la razón o la civilización industrial. Para este escritor inglés, el actor del amor puede verse y sentirse ridículo si se observa desde afuera, si se analiza intelectualmente, pero es la puerta a la redención, a la unidad del hombre con la naturaleza y el mundo.Connie y Mellors se reúnen en el pequeño bosque que Clifford ha decidido conservar a salvo de la devastación por las minas de carbón. Ese bosque es una analogía del extraño y excepcional amor entre ellos. Allí las reglas del mundo desaparecen, se disuelven.Naturalmente, todo esto podría ser material para una horrible novela rosa o leerse como un nítido antecedente de la moral new age, pero la voz de Lawrence lo impide, una voz que es lírica y concreta a la vez; poética e impúdica: "... sí, la cálida y viva belleza del contacto, mucho más profunda que la belleza de la visión. Connie sentía resbalar las mejillas del guardabosques por sus muslos, su vientre, sus nalgas, y sentía el paso por su piel del bigote y del cabello suave y denso, y sintió que las rodillas comenzaban a temblarle. Dentro de su ser, bajo, muy abajo, Connie sintió un nuevo rebullir, la salida a la superficie de una nueva desnudez. Y, en parte, tuvo miedo".Tal como Clifford, en su momento, trata de ridiculizar el amor de su mujer por el guardabosque, uno podría ridiculizar, si quisiera, el estilo y la visión de Lawrence. O podría cuestionar que sus personajes principales se sientan algo tiesos, monolíticos, carentes de sentido de humor, por ejemplo. Pero es cierto lo que dice Foster: se requiere humildad para leer a un escritor profético. Dejarse llevar y no oponerse con convicciones respecto al realismo o la verosimilitud. De lo contrario no escucharemos la música del autor, no podremos dejarnos llevar por lo inefable de su lectura, eso indescriptible que a veces no es mucho más que una sensación. Incluso sin exigir a cambio demasiada disposición mental, El amante de lady Chatterley es una novela que se mete en la sangre. Si uno es práctico, quizás no es la mejor lectura para el metro. Su lugar está mejor en un rincón oscuro, sentado bajo la plácida sombra de un árbol o, por supuesto, en la posición horizontal y segura de una cama.Ernesto AyalaEl amante de lady ChatterleyD.H. LawrenceEditorial Debolsillo, Buenos Aires, 2008, 428 páginas, $5.500.Novela


 
El síndrome evangelista
Página abierta

Por Camilo Marks"Cargo todo de calificativos intentando tapar el hueco u hoyo gramatical y léxico, termino por tener lengua de cura bordada por monjas enclaustradas, recamada y adornada hasta en el último rincón con obsesión de histéricas, haciéndome la que escondo mi impericia" o "no sólo es mi suerte ser fea y soltera y no tener hijos ni perro que me ladre ni jovencito que me interprete mi partitura ni madre que me acune en su seno acogedor, qué suerte carecer de talento e imaginación porque a fin de cuentas yo no tengo que lidiar con esas cosas" son reflexiones de la innominada protagonista de "La sagrada y otras", uno de los 15 relatos que componen El fantasma y el poeta (Sexto Piso, 2008), el cual debe ser, más o menos, el trigésimo o cuadragésimo libro de la aclamada mexicana Carmen Boullosa. Aunque su nombre es para nosotros más bien una rareza, muchos la consideran y la citan una y otra vez como una de las mejores escritoras en idioma español del momento; entre ellos destacan Roberto Bolaño, Carlos Monsiváis, Fabrice Gabriel, Miles Clark y una amplia cohorte de admiradores.El cuento cuyos pasajes transcribimos es uno de los mejores de El fantasma..., tanto por el juguetón y chispeante conocimiento que Boullosa exhibe sobre la pintura y las carreras de Caravaggio y Tiziano, como por el inagotable anecdotario de la heroína, que trasunta un humor ácido, poca simpatía por la falta de gracia física, sobre todo en las mujeres, y claridad idiomática, ausente en la mayoría de estas narraciones. Porque si podemos entender "pantalla de jóliwud", "pelis de jóliwud", "maniquiur" o incluso "asjoul", "lonch", "waspito", ni aun cuando viviéramos entre hispanos que pueblan Nueva York o fuésemos profesores de creative writing, como es el caso de Boullosa en una prestigiosa universidad norteamericana, lograríamos captar el significado de "nahua jacarandosa", "quesque", "cholla, "¡caite güey!", "mafufadas", "poncharnos", "garnachas", "sorrajó", etc. Su lenguaje está tan contaminado por lo culto y culterano, junto al dialecto del hampa, por la jerga callejera o docta, por una especie de cóctel entre el habla coloquial -en verdad, es capaz de dar un tono doméstico o vulgar hasta a términos académicos- y la reflexión hermética, que prácticamente en cada página nos topamos con un vocabulario intempestivo, que ella misma parece ir creando mientras avanza en sus fantasiosas tramas. Lo más extraordinario de éstas reside en lo que parecerían ser sus defectos: a pesar de la mescolanza frenética, del incesante engorro del intelecto, se trata, por lo general, de materias amenas o interesantes, sea por su pintoresquismo, sea por el premeditado desparpajo de la autora.A propósito de Bolaño, "Yo sé quién soy" tiene como punto de partida a "Senseni", del narrador oriundo de Chile, donde dos escritores de diferentes generaciones participan en concursos literarios, un tema muy socorrido en Llamadas telefónicas y Putas asesinas. La situación es distinta, ya que el postulante interviene en competencias organizadas en la internet y hay tres versiones de su obra, que se perfecciona o malogra mientras va perdiendo en cada una de las convocatorias. La tercera es la más notable, debido a que el aspirante a ganador padece del síndrome evangelista; o sea, toma la pieza de Bolaño a pie juntillas, actúa con instinto práctico, lee buscando fórmulas, consejos, maneras de vida, toma un libro y cree que es recetario, busca entretener al lector a cualquier costo, tiene corazón de payaso. Su prosa es neutra, sosa, correcta. "En ese cuento bobo, escrito con mano descerebrada", el futuro fabricante de best sellers seduce a un editor de gran reputación, que "aparentaba una dignidad y una decencia de la que estaba muy lejano; lo suyo era engordar su cuantiosa fortuna a costa de pretender amar la literatura". Otras incursiones de Boullosa en la chismografía libresca son "La bola que me pasó Marshall Berman", carta de un alumno incapaz de aprobar el taller de la maestra, "Las fronteras sin moda", donde el personaje central es Chateaubriand y se revelan las mentiras que habría puesto en Memorias de ultratumba, "Diálogo entre el señor y la ofendida", con una antipática feminista que busca reparos a Pedro Páramo, de Rulfo, "El cuento de nunca, con sapos y azuquítar", hilarantes recomendaciones para artistas de las letras y "El fantasma y el poeta", en cuyas páginas comparecen dos obsesiones de Boullosa: los espectros y Rubén Darío, en el que es experta, haciéndolo figurar de modo resaltante en varias ficciones.Como se ve, Boullosa, en su estudiado desdén estilístico o la promiscuidad lingüística de la que hace gala en El fantasma... es, en todo momento, una artesana cuyas historias son ciento por ciento productos culturales. Y pese a la aparente tendencia a una escritura oral, espontánea, sus crónicas resultan un elaborado artificio de laboratorio.blogs.elmercurio.com/cultura




 

El general bizantino

En el siglo VI de nuestra era, el Imperio de Oriente fue objeto de constantes ataques de sus vecinos: bárbaros, moros, persas y tribus nómadas lo acosaban, ya tratando de destruirlo, ya de cobrar tributos para garantizar su existencia. Surgió, entonces, Belisario, un personaje de tales bríos que no sólo mantuvo a salvo el imperio, sino que le añadió nuevas tierras (Cartago, Sicilia), gracias a su audacia y talento guerrero. Años más tarde, traicionado por los suyos y por los amos de Bizancio, moriría pobre, ciego y abandonado. Pero su leyenda persiste: se le ha comparado con el rey Arturo y Julio César. Si bien dominaba el arte militar, sabía agregarle la clemencia y la capacidad de perdonar a sus adversarios, de premiarlos y conquistarlos para su causa. Sobre él escribió Robert Graves, eminente investigador del mundo clásico.El conde Belisario se titula su obra. Historia novelada, con un narrador en primera persona, que es nada menos que el eunuco favorito de la poderosa prometida y luego cónyuge de Belisario. Esta condición aparentemente secundaria y casi anónima le permite juzgar al mundo de su época con una ironía y un realismo que ya querría para sí algún memorialista oficial. Larga y entretenida lectura es esta historia de un hombre que alcanzó la potencia de un mito.El conde BelisarioRobert GravesTrad. de Arturo Casals, Edhasa, Barcelona, 2008, 753 páginas, $10.640.Novela




 
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